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Ciudad Corredor

La posibilidad de colonizar el territorio a través de leves hilos de ciudad excitó la imaginación de la modernidad desde sus inicios, puesto que en ella se cumplía de manera ejemplar el objetivo de superar la lógica estática de los asentamientos humanos para instaurar un estado de transitoriedad y movimiento constantes, acorde con la mutabilidad de los nuevos tiempos. La ciudad corredor del siglo XXI se sitúa en el extremo de una línea de clara inspiración tecnológica de la que se derivan las ciudades lineales de Arturo Soria y Mosej Ginzburg, que compartían la meta de romper con la relación jerárquica y opresiva que la Ciudad Capital y la Grossstadt establecían sobre el campo para formular dos modelos urbanos de enorme sofisticación.

Ciudad Corredor

En el despertar tardío de la industrialización en España, el ferrocarril se convertía en espina dorsal del organismo serpenteante de Arturo Soria, y la máquina de vapor se encargaba de tender alrededor de Madrid un esquema que, acorde con la ambición de su autor, no ocultaba su potencial de extenderse hasta el infinito. Décadas más tarde, y en la vorágine creativa que siguió a la Revolución de Octubre, los planes de electrificación territorial de la URSS permitieron imaginar ligeros filamentos urbanos adosados a las infraestructuras de transporte que prefiguraban, de manera terroríficamente real, la ilusión marxista de la desaparición de las ciudades.

Ambos proyectos, como es sabido y cada uno a su manera, acabaron en el olvido. El éxito de la ciudad corredor contemporánea, por el contrario, se basa en el abandono del idealismo colectivo que inspiraba a las ciudades lineales y en la adopción sin reservas de un pragmatismo declarado. La ciudad corredor se despliega a través del recorrido errático del automóvil privado, renunciando por completo a cuestionar la primacía de la metrópolis sobre el territorio.

Partiendo de ese hecho diferencial, la ciudad corredor profundiza en la tendencia desmaterializadora de la ciudad lineal, y nos sirve una sección perpendicular a su directriz, la autopista, para manifestar la apoteosis última del grado cero de lo urbano: Mientras que el corte transversal de la ciudad de Soria mostraba la dispersión inviable de coquetas residencias suburbanas Arts & Crafts y en la de Ginzburg aparecía una pieza completamente ajena a su contexto elevándose ilusoriamente sobre pilares, la ciudad corredor muestra un paisaje pintoresco de una exuberancia y ligereza que sus antecesoras no consiguieron imaginar: A las orillas de sus ríos de metal brotan macizos de antenas y torres de tendido eléctrico, bosques de carteles publicitarios y enseñas nacionales, que ofrecen sombra a un variado catálogo de anodinos asentamientos de ribera: Estaciones de servicio y drive-throughs, clubes de alterne y moteles, parkings de camiones y concesionarios de coches, que sirven de carta de presentación a la verdadera ciudad mostrando su transitoriedad y precariedad, enseñando con descaro lo que la metrópolis pudorosa no desea ver.

Bibliografía

  • GARREAU, Joel. Edge City: Life on the New Frontier. Nueva York: Doubleday, 1991

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